Son las 12:35 del lunes, no hice nada todavía, tengo que preparar lo del campamento y estoy como no queriendo moverme, es extraño, el día esta buenísimo tome unos mates escuchando reggae fumando y no puedo procesar. No me cae la ficha de ningún acontecimiento siento nervios como si tuviese que buscar trabajo o como cuando va a ocurrir algo y siento el momento dentro de mí, es increíble!
-Son las 9 de la mañana en Aristóbulo del Valle, me senté en un bar, el único que tiene esta ciudad abierto tan temprano, me pedí un café folklore de fondo aromas naturales de aquí como de azares, maderas, tabaco y monte. Soy un extraño y se me nota, ni mis modales ni mi ropa son normales por acá y eso me encanta porque me pierdo viajando en las miradas. Me vienen unas ganas terribles de volver a viajar sin rumbo perderme en las líneas de los mapas, tomar mi mochila fijar un rumbo... que sensación!
Me encuentro en la tierra que primero me abrazo de misiones, donde mis sentidos se abrieron 9 años atrás, donde viví experiencias increíbles donde por primera vez escuche silbar al innombrable.
Mientras te espero me pregunto si esta mal que me inspires a soñar, y que no te pregunte si puedo hacerlo.
Tengo encima la tranquilidad de saber lo que quiero es por eso esta sonrisa,
Con una dulzura oculta, hermosa como esta mañana, con una cabeza parecida a la mía, tengo miedo de quererla, pero no puedo hacer otra cosa y obviamente me encantaría que sea la ultima y sabemos que no se puede hacer nada al respecto mas que dejar que todo siga su curso.
Disfrutar, total, si uno quiere estar esta.
La vista que tengo desde la vereda del bar donde estoy sentado es impresionante, tiene una profundidad espectacular, hace dos horas me estaba muriendo de frío pero ahora me estoy muriendo de calor, el pueblo despertó, las voces recorren la vereda entre vendedores y amigos, despertó el pueblo con su vida esencial, sus personajes y desaparecen las sombras.
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